7 de Abril de 2007

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Los Diez Secretos de la Abundante Felicidad

La abundancia de la felicidad no es sólo librarse de la depresión y del dolor sino que más bien consiste en una sensación de alegría, de contento y de maravillado asombro ante la vida. Esto no significa que sea posible, ni siquiera rosa.bmpdeseable, vivir en éxtasis continuo; hay momentos en los que nuestras vidas se ven afectadas por tragedias y pérdidas personales y es totalmente natural sentir tristeza, pena y decepción. Pero hay diversas formas  de hacer frente a tales experiencias y, con mucha frecuencia, podemos convertir en triunfos los obstáculos y las adversidades de la vida.
…..A través de las páginas de este libro descubrirá que esto es posible.
“Recorres el mundo en busca de una felicidad que está siempre al alcance de tu mano.”

Autor: Adam J. Jackson

Editorial: SIRIO

Escrito por Piedad | 7 de Abril de 2007 | 0 comentarios
Libros que nos ayudan a crecer.

Las Cucharas de Mango Largo

Érase una vez un rabino que le pidió a Dios que le ayudara a comprender lo que era el cielo y el infierno. Dios quiso satisfacer su curiosidad, así que llamó al profeta Elías para que acompañara al rabino en su aventura. Lo primero que hizo Elías fue llevarle a una sala muy amplia, en cuyo centro había un enorme puchero. Dentro de la olla hervía un sabroso cocido, alrededor del perol había un grupo de personas que introducían largas cucharas en el cocido.
Lo curioso era que todos tenían un aire enfermizo y cucharas.bmpenclenque, estaban pálidos y muy delgados. En el ambiente se respiraba pesimismo y tristeza, quizás por que los mangos de las cucharas eran tan sumamente largos que nadie conseguía llevarse a la boca una cucharada de cocido sin derramar la mayor parte.
Una vez fuera de la sala, el rabino le comentó al profeta lo extraño que le había parecido el sitio, a lo que Elías le contestó:
-Amigo mío, eso que acabas de ver es el infierno.
A continuación, Elías acompaño al rabino a otra sala que en principio parecía exactamente igual a la primera. En el centro había un fuego y sobre el un enorme puchero donde hervía un delicioso cocido. Alrededor del fuego un grupo de personas metían en la olla cucharas de mango largo. Ahora bien, al contrario que en el primer grupo, estas personas conversaban amigablemente mientras comían.
¿Cuál era la diferencia entre ambas salas? Pues muy sencilla. Las personas de la segunda sala no se alimentaban a sí mismas con las largas cucharas, sino que la llevaban a la boca del vecino. Al ver esto, el rabino exclamo:
-¡Ya lo entiendo! Es el cielo.
 

Autor Desconocido

Escrito por Piedad | 7 de Abril de 2007 | 0 comentarios
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