El Sabio

 ”… Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas.
Luego de un largo viaje hasta el paraje donde aquel Maestro vivía, el hombre finalmente pudo dar con él:
- “Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, todo me sale mal y no se que más hacer para salir adelante”.
El sabio le dijo:
- “Puedo ayudarte con esto…sabes remar ?”
Un poco confundido, el hombre contestó que sí.
Entonces el maestro lo llevó hasta el borde de un lago, juntos subieron a un bote y el hombre empezó a remar hacia lago-en-barca.jpgel centro a petición del maestro.
- “Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida ?” -dijo el hombre advirtiendo que el anciano gozaba del viaje sin más preocupaciones.
- “Sigue, sigue -dijo éste- que debemos llegar al centro mismo del lago”
Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo:
- “Arrima tu cara todo lo que puedas al agua y dime qué ves…”
El hombre, pasó casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo al agua aunque sin entender mucho para qué estaba haciendo esto.
De repente, el anciano lo empujó y el hombre cayó al agua.
Al intentar salir, aquel tomó su cabeza con ambas manos e impidió que el hombre llegara a la superficie.
Desesperado, el hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua hasta que casi a punto de morir ahogado el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y luego al bote.
Al llegar arriba el hombre, entre toses ya ahogos le gritó:
- “Usted está loco ?…no se da cuenta que casi me ahoga ?”
Con el rostro plácido, el maestro le preguntó:
- “Cuándo estabas abajo del agua en qué pensabas ?, qué era lo qué más deseabas en ese momento ? ”
- ¡¡En respirar por supuesto!!!!
- “Bien, cuando pienses en triunfar, con la misma vehemencia con la que pensabas en respirar, en ese momento y no antes estarás preparado para triunfar…”
Créame que es así de fácil (o en realidad es difícil ?) A veces también es bueno llegar al punto del “ahogo” para descubrir el modo en que deben enfocarse los esfuerzos para llegar a algo.

Autor Desconocido

Escrito por Piedad | 17 de Junio de 2007 con 1 comentario.
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Comentarios

  1. javier cervigon - 30 de Junio de 2007 | 16:40

    Nuestro Señor abomina de las injusticias, y condena al que las comete. Pero, como respeta la libertad de cada individuo, permite que las haya. Dios Nuestro Señor no causa el dolor de las criaturas, pero lo tolera porque —después del pecado original— forma parte de la condición humana. Sin embargo, su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia.

    La enseñanza cristiana sobre el dolor no es un programa de consuelos fáciles. Es, en primer término, una doctrina de aceptación de ese padecimiento, que es de hecho inseparable de toda vida humana. No os puedo ocultar —con alegría, porque siempre he predicado y he procurado vivir que, donde está la Cruz, está Cristo, el Amor— que el dolor ha aparecido frecuentemente en mi vida; y más de una vez he tenido ganas de llorar. En otras ocasiones, he sentido que crecía mi disgusto ante la injusticia y el mal. Y he paladeado la desazón de ver que no podía hacer nada, que —a pesar de mis deseos y de mis esfuerzos— no conseguía mejorar aquellas inicuas situaciones.

    Cuando os hablo de dolor, no os hablo sólo de teorías. Ni me limito tampoco a recoger una experiencia de otros, al confirmaros que, si —ante la realidad del sufrimiento— sentís alguna vez que vacila vuestra alma, el remedio es mirar a Cristo. La escena del Calvario proclama a todos que las aflicciones han de ser santificadas, si vivimos unidos a la Cruz. (Es Cristo que pasa, 168).
    http://javiercervigonesencias.blogspot.com/

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