Infancia
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Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella más amaba. Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió: Nada es más voluble que un corazón de madre. Y, como madre, le respondo: el hijo dilecto, aquel a quien me dedico de cuerpo y alma…
Es mi hijo enfermo, hasta que sane, el que partió, hasta que vuelva.
El que está cansado, hasta que descanse, el que está con hambre, hasta que se alimente.
El que está con sed, hasta que beba, el que está estudiando, hasta que aprenda.
El que está desnudo, hasta que se vista, el que no trabaja, hasta que se coloque.
El que se enamora, hasta que se case, el que se casa, hasta que conviva.
El que es padre, hasta que los críe, el que prometió, hasta que cumpla.
El que debe, hasta que pague, el que llora, hasta que calle.
Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:
El que ya me dejó… …hasta que lo reencuentre…
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
20 de Noviembre de 2008 |
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Infancia y Mujer y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
Somos de las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.
Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia.
Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más “igualados”, beligerantes y poderosos que nunca existieron.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así que, somos los últimos hijos regañados por los padres y los primeros padres regañados por nuestros hijos.
Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a nuestros hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.
Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.
En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían
sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.
Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.
Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y
no a la inversa, como en el pasado.
Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles “muy cool” a sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.
Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante lidereándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
12 de Noviembre de 2008 |
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Crecimiento y Infancia y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
“…Hola ya estoy aquí.” Soy muy pequeñito, todavía no estoy formado, pero tengo corazón y te quiero.
Esto está muy oscuro pero no tengo miedo, porque estoy a gusto, porque me transmites amor y tranquilidad.
Tiene que pasar mucho tiempo para que llegue el momento de verte pero mientras llega cuídate si tú te cuidas, “yo estaré bien”
Los dos e
staremos impacientes pero todo va a ir bien, cuando llegue el momento los dos seremos valientes, yo para que no sufras, saldré todo lo rápido que pueda, y tú me ayudarás.
Lloraré un poquito pero no de dolor si no de felicidad y cuando te vea todo pasará pues ya estaré contigo.
No podré hablar pero piensa cuando te mire que mis ojos dirán gracias por tu amor y todo lo que has hecho por mí, dormiré y pensaré.
“Qué puede pasar si ella está conmigo”.
Autora Mariluz Gil
Escrito por Piedad |
13 de Octubre de 2008 |
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Infancia y Mujer y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
Por medio de la presente presento mi renuncia irrevocable a ser adulto. He decidido aceptar la responsabilidad de tener 6 años nuevamente.
Quiero ir a McDonald’s y pensar que es un restaurante 5 estrellas. Quiero navegar barquitos de papel en un estanque y hacer anillos tirando piedras enel agua.
Quiero pensar en que los dulces son mejores que el dinero, pues se pueden comer. Quiero tener un receso y pintar con acuarelas.
Quiero salir cómodamente de mi casa sin preocuparme como luce mi cabello. Quiero tener alguien que me arregle y me planche la ropa.
Quiero tomar baños y dormir 10 horas todas las noches. Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjuagar mis lágrimas en sus hombros. Quiero regresar a los tiempos en que la vida era simple.

Cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas, y eso no me molestaba, porque no sabía que no sabía y no me preocupaba por no saber. Con todo lo que sabía era feliz, porque no sabía las cosas que preocupan y molestan.
Quiero pensar que el mundo es justo. Que todas las personas son honestas y buenas.
Quiero pensar que todo es posible…!!! En algún lugar de mi juventud maduré y aprendí demasiado…
(debo desaprender, para aprender).
Aprendí de armas nucleares, guerras, prejuicio, hambre y de niños abusados. Aprendí sobre mentiras, matrimonios infelices, del sufrimiento, enfermedad, dolor y la muerte.
Aprendí de un mundo en el que saben matar y lo hacen. ¿Que paso con el tiempo en que pensaba que todo el mundo
viviría para siempre, porque no entendía el concepto de la muerte, excepto cuando perdía mi mascota, cuando pensaba que lo peor que pasaba era que cualquiera me quitara mi pelota de jugar, o me escogiera de ultimo para ser su compañero de equipo?.
Cuando no necesitaba lentes para leer. Quiero alejarme de las complejidades de la vida y emocionarme nuevamente con las pequeñas cosas una vez más.
Quiero regresar a los días en que la música era limpia y sana.
Recuerdo cuando era inocente y pensaba que todo el mundo era feliz porque yo lo era. Caminaría solo en la playa pensando solo en la arena entre los dedos de mis pies y la ostra más bonita que pudiera encontrar, sin preocuparme por la erosión y la contaminación.
Pasaría mis tardes subiendo árboles y montando en mi bicicleta hasta llegar al parque, sin la preocupación de que me secuestren.
No me preocupaba el tiempo, las deudas o donde iba a sacar dinero para arreglar mi coche.
Solo pensaba en lo que iba a ser cuando fuera grande, sin la preocupación de lograrlo o no.
Quiero vivir simplemente nuevamente, no quiero que mis días sean de computadoras que se cuelgan,
de la montaña de papeles en mi escritorio, de noticias deprimentes ni de cómo sobrevivir unos días mas al mes cuando ya no queda dinero.
No quiero que mis días sean de facturas de médicos. No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y pérdida de seres queridos. Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, los sueños, de la imaginación.
Quiero creer en la raza humana y quiero volver a dibujar muñecos en la arena…
Quiero volver a mis 6 años !!! Seria maravilloso que cada uno de nosotros pudiera vivir un poco como ese niño que llevamos dentro, y no nos dejemos arrastrar por la sociedad que nos rodea.
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
2 de Septiembre de 2008 |
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Crecimiento y Infancia y Reflexiones que nos ayudan a crecer y Vida.
Del popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras

1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.
Emilio Calatayud
Escrito por Piedad |
14 de Junio de 2008 |
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Infancia y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
Cuando creías que no te veía… te vi poner mi primer dibujo en la puerta de la nevera y corrí a hacer otro.
Cuando creías que no te veía… te vi poner alimento en el platito del gato y aprendí que es bueno cuidar de los animales.
Cuando creías que no te veía… vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, pero está bien llorar.
Cuando creías que no te veía… te vi hacer mi postre favorito y aprendí que las cosas pequeñas son las que hacen la vida especial.
Cuando creías que no te veía… te sentí darme un beso de buenas noches y me sentí amado y protegido.
Cuando creías que no te veía… Te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a gente que no tenía nada y aprendí que los que tienen deben ayudar a los que no tienen.
Cuando creías que no te veía… te vi cuidar de la casa y de nosotros y aprendí que debemos cuidar de lo que nos ha sido dado.
Cuando creías que no te veía, te escuche decir una oración, y sentí que existe un Dios al que siempre le podré hablar.
“Gracias: mamá, papá, hermano, hermana, amigos, abuelos, etc…
por todas las cosas que aprendí cuando creías que no te veía”
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
8 de Mayo de 2008 |
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Infancia y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
Si soy tu bebé, por favor, tócame
Necesito de tu caricia de una manera que tal vez nunca sepas, tu cariño transmite seguridad y amor.
Si soy tu niño, por favor, tócame, aunque yo me resista, insiste, por que estoy demostrando un modo de atender mis necesidades.
Si soy tu adolescente, por favor, tócame, no pienses que por estar crecido, no necesito de tus abrazos cariñosos, de una voz tierna. Cuando la vida se hace difícil, el niño que hay en mí te vuelve a necesitar.
Si soy tu ami
go, por favor, tócame, nada como un abrazo afectuoso para saber que yo te importo. Un gesto de cariño cuando estoy deprimido me garantiza que soy querido, y me reafirma que no estoy solo, tu gesto de consuelo tal vez sea lo único que yo consiga.
Si soy tu pareja, por favor, tócame, tal vez pienses que tu pasión basta, pero son tus brazos los que detienen mis temores. Necesito de tu toque tierno, para recordar que soy amado apenas porque yo soy yo.
Si soy tu hijo adulto, por favor, tócame, aunque tenga mi propia familia para abrazar, todavía necesito tus brazos cuando me lastimo.
Si soy tu padre, ya mayor, por favor, tócame, hazlo del mismo modo que me tocaban cuando yo era pequeño y da calor a mi cuerpo cansado con tu proximidad. Mi piel, ahora marcada, necesita ser acariciada. No tengas miedo, en cuanto puedas… tocame!!!
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
1 de Mayo de 2008 |
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Amistad y Amor y Autoestima y Crecimiento y Felicidad y Infancia y Mujer y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que triunfar en una carrera o
mantenerse delgada.
Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…
Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada…
Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.
Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción
porque uno se acuerda de ella una vez al año : el Día de la Madre.
Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar.
Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezca. Es decir que “son cosas de la edad” cuando la mandan por un tubo.
El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.
Por suerte hay una sola Madre. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.
Isabel Allende
Escrito por Piedad |
30 de Abril de 2008 |
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Amor y Infancia y Mujer y Reflexiones que nos ayudan a crecer.
No me des todo lo que te pida. A veces yo sólo pido para ver hasta cuánto puedo obtener.
No me des siempre órdenes; si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo las haría más rápido y con más gusto.
Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir peor que los demás, entonces seré yo quien sufre.
No me corrijas mis faltas delante de nadie. Enséñame a mejorar cuando estemos solos.
No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a hacerlo a mí también,y yo no quiero hacerlo. Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé.
No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Cuando yo haga algo malo, no me exijas que te diga el “por qué”. La mayoría de las veces ni yo mismo lo sé. Cuando estés equivocado en algo, admítelo, y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñas a admitir mis equivocaciones también.
Autor Desconocido
Escrito por Piedad |
31 de Marzo de 2008 |
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Crecimiento y Infancia y Reflexiones que nos ayudan a crecer.